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Roma, città non aperta

Han pasado tan sólo unos meses y se ha hecho innecerario el trabajo de aquellos carabinieri, tan bien vestidos, que regulaban la entrada de turistas a la atestada plaza de la Fontana de Trevi, la fuente de tre via, tres vías, tres calles, la monumental fuente que culmina el final del aqueducto del aqua virgine, la fuente donde la bellísima actriz sueca Anita Ekberg se da un lujurioso baño nocturno en la película «La dolce vita» de Fellini, ante un estupefacto Marcelo Mastroiani.

Vino el coronavirus, que es tanto como decir el anticristo y la bellísima y grandiosa Fontana de Trevi, junto con el resto de la ciudad espera pacientemente que el Arco Iris anuncie el fin de la tormenta y la vuelta a la normalidad.

La Fontana de Trevi de noche antes de la Pandemia

Roma, estos días, aparece desierta, el Senado y el Pueblo de Roma se muestran tranquilos pero cumplidores de las medidas tomadas para controlar y reducir la extensión de la pandemia. Colegios, Universsidades y Museos cerrados, la gente sólo sale para hacer la compra y otros actos necesarios. Bares y restaurantes abren a las diez de la mañana y cierran a las seis de la tarde. No se permiten aglomeraciones de personas que no las hay, pero se puede pasear individualmente o en pareja, por los lugares históricos, o hacer deporte por las orillas del Tiber. Llama la atención ver la plaza de Venecia, otrora tan concurrida de público y turistas prácticamente vacía.

Atardecer en el Trastévere antes del coronavirus.

Lo mismo podemos decir del Trastévere, antes tan concurridas sus plazas y tan abarrotados sus restaurantes. Y ahora tan desiertas.

Cerradas las universidades y museos, en qué emplean su tiempo los estudiantes de Erasmus. Hay de todo, pero un buen y soleado balcón ayuda mucho a pasar las horas leyendo y tomando el sol como los lagartos. Ya sabemos que los virus, sean coronados o republicanos huyen del sol cual vampiros, que es lo que realmente son, vampiros que parasitan células que no les pertenecen.

Internet también ayuda mucho. Sólo queda esperar un tiempo a que las aguas vuelvan a su cauce.

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