Crónica de Tribunales

Matrimonio por papeles.

CUANDO EL MATRIMONIO POR PAPELES DURA MAS QUE EL MATRIMONIO POR AMOR.

En la ciudad de Barcelona, en julio y agosto, al calor intenso se le une la humedad que ya existe en invierno pero que en verano produce un bochorno insufrible, das dos pasos y dejas la ropa más que sudada, encharcada. El juez sustituto, a diferencia del año anterior, había optado esos meses por no usar traje ni corbata, llevaría zapatos de verano de los que se usan sin calcetines, pantalón de algodón y camisa de algodón de manga corta y aún así cuando volvía a su casa a las tres de la tarde, antes de comer, había de ducharse y cambiarse de ropa.

Desde el decanato le habían pedido si podía hacerse cargo de las tres secciones del registro civil durante las vacaciones de verano. El registro civil de Barcelona ocupaba las plantas sótano, baja y primera de un edificio sito entre la plaza de Medinaceli y la plaza de la Merced; estaba servido por tres jueces con sus correspondientes tres secretarios y trabajaban en las tres diferentes secciones unas 100 personas. Era una riada de público la que era atendida cada día, y a pesar de que una de sus tres patas cojeaba la mayor parte del año, para eso estaba el juez sustituto, para que la máquina no dejara de funcionar.

Ese fue el verano en que Barcelona se inundó de muchachas rusas que, aún no aclimatadas al calor barcelonés, subían y bajaban por las ramblas en grupos numerosos y había que ir zigzageando para poder esquivarlas. 

Parte del trabajo consistía en  entrevistar a las parejas extranjeras  y mixtas que instaban expediente de matrimonio civil  y detectar los fraudes; había mucho matrimonio falso cuyo único fin era la obtención de la tarjeta de residencia, la de 5 años, que era la que se obtenía por vía matrimonial y daba derecho a desplazamientos por la Unión Europea.

Algunos de estos matrimonios eran fácilmente detectables: el anciano viudo que los hijos lo casaban con la cuidadora de 30 y tantos años, siendo aquí que el trato consistía en que los hijos se ahorraban pagar una residencia o pagar a la cuidadora, a cambio ésta cuidaba al anciano ya su esposo,  la cual de momento obtenía la referida tarjeta de residencia y quedaba en la espera de cobrar la pensión de  viudedad, que solía llegarle pronto si el anciano se “emocionaba” en exceso. Estas mujeres eran casi todas del mismo país y asesoradas por la misma gente. Los problemas con la herencia entre los hijos y la cuidadora-esposa vendrían después.

Hubo mucho abuso: cuando se crearon las pensiones de viudedad no se previó que pudiera pasar algo así. Con una pensión de viudedad española, estas mujeres jóvenes, en sus países de origen, podían vivir muchos años como reinas y fueron decenas de miles en toda España hasta que el Estado reaccionó y corrigió el tema, pero lo hecho, hecho quedó.

También se daba mucho el matrimonio por dinero, que afectaba básicamente a hombres extracomunitarios, casi todos de la parte norte del mismo subcontinente y de la misma religión,  hombres jóvenes que pagaban a mujeres preferiblemente “morituris”, pero también les servían las toxicómanas y las ancianas, las cuales  cobraban una suma de dinero a cambio de dar el sí matrimonial, en ocasiones “in artículo mortis”, matrimonio que, naturalmente, nunca consumaban y que una vez casados no volvían a verse nunca mas.

En el matrimonio “in artículo mortis” su señoría se desplazaba al hospital donde estaba la persona “morituri” y los contrayentes daban el sí tras oír los artículos preceptivos del Código Civil.  Este matrimonio tenía que ser convalidado en  el posterior expediente de matrimonio civil, ratificación que en ocasiones no se producía.

Estos hombres se traían aprendidas las respuestas del cuestionario de preguntas confeccionado por la Dirección General de Registros, pero lo que no se esperaban es que el juez sustituto había confeccionado su propio cuestionario y se les desenmascaraba rápidamente, pero ellos lo seguían intentando una y otra vez en una especie de ruta de registros civiles que se tenían aprendida, que si en tal sitio era más fácil, que si en tal otro era más difícil.

Muy curioso era el tema de los subsaharianos, nunca traían documentación original, siempre fotocopias en blanco y negro, imposible distinguirlos. La documentación cierta de uno valía para muchos. En la calle Rasos de Peguera de Barcelona, en el domicilio de una octogenaria habían empadronados hasta 90 personas, sin que la señora lo supiera. Increíble, pero cierto. En estos casos también se detectaba el fraude rápidamente, pues antes de llegar a Barcelona lo habían intentado en lugares en principio con menos control y tampoco había colado.

Otro matrimonio por interés muy curioso, minoritario, pero que también se daba en una ciudad como Barcelona, donde tan cara es la vivienda y donde ser arrendatario en la Diagonal de un piso de renta antigua, de los de la LAU franquista, era todo un lujo.

Una vivienda en Barcelona

En este caso lo que se pretendía era la subrogación del cónyuge en el contrato de arrendamiento antiguo, en el caso concreto casaban a un anciano viudo, incapacitado en casa, que estaba ya más allá que acá, titular del contrato de arrendamiento,  lo casaban con su cuñada, también mayor pero bastante más joven que él; el juez sustituto preguntó al anciano, tras leer los preceptivos artículos del código civil, si aceptaba casarse con la hermana de su difunta esposa, a lo que el anciano, un poco avergonzado, contestó, sr. Juez, no me caso, mis hijos me casan; picaresca pura y dura.

Otro tipo de matrimonio, más difícil de tumbar, porque aquí sí que había una relación cierta, eran los matrimonios por lascivia. La chica  del este, muchachas jóvenes, muy guapas, con el hombre maduro entrado en años, con la vida resuelta, divorciado o viudo,  normalmente con mala relación con sus hijos, que se veía a sí mismo todavía en condiciones de poder ejercer.

El juez sustituto acababa de entrevistar a un sr. de 70 años, alto, bien plantado, aunque con cierto aspecto chulesco que delataba el cabello engominado repeinado hacia atrás y rematado en caracolillos; un empresario que se ganaba muy bien la vida y que en un viaje a una feria en San Petersburgo conoció una chica de 26 años y no se lo pensó,  se la trajo a ella a Barcelona, lo cual provocó, naturalmente, una mayor hostilidad de sus hijos que ya veían peligrar la herencia.  Al entrar la muchacha para ser entrevistada aparte, al juez sustituto no se le escaparon dos detalles, uno que no parecía rusa, las mujeres eslavas se distinguen fácilmente a primera vista de las mujeres germánicas, a pesar de que ambas suelen ser rubias de ojos claros;  y dos,  que además de  guapa era bastante alta y bastante  culta; la muchacha llevaba sólo seis meses viviendo en Barcelona y ya hablaba perfectamente el castellano y estaba aprendiendo el catalán, aparte de inglés y ruso  que también dominada.

El juez sustituto la miró y lo primero que le dijo fue: Tú no eres rusa; la muchacha sorprendida respondió, soy lituana, pero me he criado en San Petersburgo. Se entabló entonces una conversación amable entre su señoría y la muchacha que medía sobre metro ochenta, era jugadora de baloncesto y licenciada en medicina, trabajaba como médico en un hospital en San Petersburgo.

Su señoría dijo a la muchacha: Voy a aprobar vuestro matrimonio porque no puedo denegarlo dado que efectivamente acreditáis que lleváis 6 meses efectivos  haciendo vida de pareja, que el hombre aunque es mayor que tus propios padres, no parece ningún anciano por lo que para la pensión de viudedad aún falta,  y  también porque veo que es imposible que le hayas pagado para poder obtener la tarjeta de residencia, pero quiero hacerte una pregunta y no tienes que contestarme si no quieres: No me digas lo que dicen todas, que estás muy enamorada, porque  si en ellas salta a la vista que es falso, en tu caso, aunque me lo jures, no me lo creo.

Entonces la muchacha se sinceró con el juez sustituto:  Le engañaría si le digo que me caso enamorada, pero comprenda usted que este hombre se está portando muy bien conmigo y con mis padres, vivo con él en su casa, me ha pagado el curso de castellano y ahora el de catalán, piense que  en el hospital donde trabajo como doctora en San Petersburgo tengo un sueldo de 16.000 pesetas al mes.

Unos años después, el juez sustituto, acompañando a un familiar en un conocido hospital de Barcelona, se volvió a encontrar con la muchacha, ya mujer,  ejerciendo como doctora.

¿Cómo te fue tras el matrimonio?.

Todo fue bien.

Me alegro mucho por ti.

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