Relatos breves

1921, verano sangriento.

EL SANGRIENTO VERANO DE 1921.

La altura de Abarrán se tomó al amanecer y se perdió al caer la tarde, así se inició el desastre.

Los emisarios de la tribu amiga de Tensaman habían avisado al general Silvestre de que su ejército no debía sobrepasar la frontera del río Amekran, Abarrán estaba al otro lado del río. El general Manuel Fernández Silvestre, veterano de la guerra de Cuba, donde nació, como tantos otros oficiales repatriados, siendo comandante en Melilla entabló amistad con el joven abogado Abd el Krim, que entonces, entre sus varias actividades, daba clases de lengua árabe y derecho islámico para los oficiales españoles.

El padre de Abd el Krim, jefe de la Tribu de Beniurriaguel en Alhucemas,  era adicto a la causa de España y procuró a sus hijos una educación occidental, el mayor,  Abd el Krim, tras recibir de niño la educación islámica correspondiente, cursó el bachillerato español, catecismo incluido, en Tetuán y Melilla, licenciándose posteriormente en Derecho civil por la Universidad de Salamanca. Su  hermano menor, que siempre vestía a lo occidental, estudió ingeniería de minas en Madrid.

Sentenció López de Vega, insigne escritor y veterano de la marina de guerra, cuando fue desterrado a Valencia, que España no se comporta como madre, sino como madrastra de sus hijos verdaderos. Algo de esto sucedió con Abd el Krim, miembro de una familia importante leal a España, que por presiones de Francia se vio preso y maltratado.  Tras recobrar la libertad volvió a su cabila, su padre había sido asesinado envenenado y eran muchos los que no le perdonaban su colaboracionismo con España.

Abd el Krim , ya jefe de su Tribu,  mandó llamar de la Península y tener consigo a su hermano menor, y una vez lo tuvo a su lado empezó a preparar la rebelión contra sus antiguos mentores. No fue fácil, él y su familia  despertaban desconfianza por su pasado españolista.

Fue en el campamento de Annual donde tuvo lugar el choque armado entre los antiguos amigos, el general Silvestre  y  su antiguo profesor de lengua árabe y derecho islámico, Abd el Krim.

Silvestre, comandante general de zona oriental del Protectorado, pertenecía al arma de caballería, habiendo participado en Cuba, su tierra natal, en múltiples cargas de las que en varias salió mal herido, pero siempre victorioso;  quizás por ello, confiando en su buena estrella y en cierto telegrama de ánimo que  imprudentemente le mandó el Rey Alfonso XIII a espaldas del Alto Comisario, el general Berenguer, otro cubano, entre mayo de 1920 y junio de 1921, Silvestre protagonizó un espectacular progreso, rápido e incruento: avanzó 130 km sobre el Rif en un total de veinticuatro operaciones, estableciendo cuarenta y seis nuevas posiciones con muy pocas bajas, solamente diez muertos y sesenta heridos, adelantando el frente hasta el río Amekrán.

Sin embargo, dicho avance no dejaba de ser imprudente: utilizó en el avance todas las fuerzas de que disponía, sin establecer las correspondientes reservas; los flancos no quedaban asegurados y la retaguardia no quedaba desarmada. Las cabilas sobrepasadas continuaban armadas y en ocasiones con fusiles más modernos que los de las propias tropas españolas. Era corriente la escena del indígena trabajador en la construcción de la línea del ferrocarril de Nador que un día se presentaba al capataz y se despedía, a la pregunta del capataz de por qué  se despedía si había trabajo y estaba bien pagado, el indígena contestaba: «ya tener dinero para comprar fusila». Todos tenían fusila y estaban constantemente ejercitados en el tiro, necesitaban la fusila para defenderse ellos y sus familias contra individuos de cabilas rivales.

El 1 de junio de 1921, Silvestre desoyó la advertencia de los emisarios de Tensaman de que no sobrepasara la frontera del río Amekran,  pues al otro lado se estaba reuniendo una gran Harka guerrera con cerca de 18.000 hombres, la mayoría a caballo. Aún así, Silvestre  ordenó la toma del monte Abarrán al otro lado del río. Abarrán se tomó al amanecer el día y se perdió al caer la tarde y fue aquí donde se produjo la primera deserción y pase al enemigo de una parte de la tropa indígena.

En respuesta,  las fuerzas españolas tomaron el monte Igüeriben, posición que inmediatamente fue sitiada y tomada por los rifeños el 21 de julio. Sin estos puestos avanzados,  la posición de Annual en la llanura se hacía indefendible, por lo que al día siguiente el ejército inició la retirada en dirección a Melilla,  sin los flancos asegurados y con la retaguardia en manos de los rebeldes hostigando continuamente una retirada desorganizada que pronto se convirtió en huida:  sólo las unidades cuyos mandos no se dejaron llevar por el pánico y mantuvieron la disciplina consiguieron salvar a una parte importante de sus miembros.

Finalmente  entre tres y cuatro mil supervivientes alcanzaron el fuerte de Montse Arruit, donde se refugiaron mientras esperaban ayuda procedente de Melilla que nunca llegó, pues la pérdida de Melilla era cuestión de horas.

Del general Silvestre se dice que se suicidó, lo cierto es que nunca apareció su cadáver y ni español o indígena pudo dar cuenta cierta de su persona.

Fue en esos día aciagos donde  un nuevo cuerpo de combate, la Legión, empezó a forjar su fama; traídos a marchas forzadas desde la  zona occidental del Protectorado unos 400 soldados,  al desembarcar en Melilla se encontraron con el pánico y el caos juntos. Sin perder tiempo, su joven comandante marchó a cumplir la orden recibida, plantarse en la carretera de Nador a la salida de Melilla y contener la embestida rifeña que estaba al caer. Se solicitó permiso para socorrer a la guarnición de Nador, pero la orden era resistir para salvar Melilla, Nador se dio por perdida.      

Los sitiados en el fuerte de Monte Arruit,  después de resistir durante doce días, acuciados por la sed, el hambre y la falta de municiones, recibieron autorización del Alto Comisaro, general Berenguer, y se rindieron el 9 de agosto tras alcanzar un pacto con el enemigo por el que las tropas entregarían las armas y podrían retirarse libremente hacía Melilla, pacto que no fue respetado por los rifeños que, una vez desarmados,  asesinaron a los tres mil supervivientes, e hicieron prisioneros a los oficiales para pedir un rescate.

Esto contrarió gravemente a Abd el Krim que pensaba que los soldados españoles valían más vivos que muertos. Curiosamente esta matanza hizo que la gran Harka guerrera se entretuviera y perdiera un tiempo valioso en el saqueo de los cadáveres, tiempo necesario para que desembarcaran en Melilla varios regimientos peninsulares que fueron devolviendo cierta calma a la ciudad.

Abd el Krim  y su idea de la República Confederada de las Tribus del Rif, estaba apoyado ¿cómo no? por Inglaterra, deseosa de controlar ambos lados del Estrecho. Preguntado por un periodista el por qué no tomó la ciudad de Melilla, respondió que,  tras lo ocurrido en Monte Arruit, internacionalmente no hubiera estado bien visto que la población civil de Melilla acabara violada y pasada a cuchillo y la ciudad incendiada, por lo que envió 600 jinetes de su propia tribu con la orden de contener en un punto  al resto de la Harka para que ésta no llegara a Melilla.

Sin dudar de la palabra de Abd el Krim, Melilla no cayó por tres motivos: uno,  por el tiempo que perdió la Harka en el saqueo de los cadáveres de los más de 3000 soldados asesinados tras rendirse en el fuerte de Monte Arruit; dos,  la tenaz resistencia que mantuvo la recién estrenada Legión en la carretera de Nador a las puerta de Melilla; y tres,   la lealtad hacia España de Abd el Kader, jefe de la Tribu del Monte Gururú,  el cual, a raíz de estos hechos,  entablaría amistad con el joven comandante que mandaba la Legión.

El desastre ocasionó en pocos días la muerte de alrededor de once mil quinientos soldados, de los cuales nueve mil eran españoles y dos mil quinientos rifeños afectos a España encuadrados en unidades indígenas.  Más de la mitad de todos ellos fueron asesinados tras rendirse. Godet, otro cubano, general inspector de tropas, en su informe nos habla de la crueldad de la guerra del Rif, ni punto de comparación con lo que había sido la guerra de Cuba.

El malestar creado y las acusaciones al rey de instigar el poco meditado y mal preparado avance que propició el desastre, fueron una de las causas del golpe de Estado y la dictadura del Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, que impidió la lectura en las Cortes del “Expediente Picasso” llamado así por el apellido del general instructor nombrado por el Consejo Supremo de Justicia Militar, informe en el que Alfonso XIII quedaba muy mal parado.

La amnistía regia de 1924 hizo que no se depuraran responsabilidades, de tal forma que los posibles culpables quedaron impunes. Sin embargo, de estos polvos africanos vinieron lodos peninsulares posteriores que marcaron el devenir del siglo XX español.

Tras esta humillante derrota para España, la guerra continuó durante seis años. En mayo de 1926 Abd-el-Krim se rindió a los franceses y el 10 de julio de 1927 finalizaron los combates, al producirse la pacificación total del territorio, que permaneció bajo dominio español hasta la independencia de Marruecos en 1956.

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