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Perro gordito

Hay quien dice que somos lo que comemos. Hay animales que culturalmente nos repugnan en Occidente, nadie piensa que su perro pudiera convertirse en un buen asado, en cambio para otras culturas estos animales sólo son un alimento más.

Sucedió en San José (California), el camarero de un restaurante de esos de los países de la cultura del arroz, intentaba explicarnos que no estaba en la carta, pero que si queríamos podíamos pedir «perro gordito”, con salsa o sin ella. Ante nuestra estupefación, el camarero, muy atento, se esforzaba en explicarlos que el “perro gordito” tenía una grasa muy buena que lo hacía muy sabroso, plato exquisito, auténtica delicatesen. Alegamos veganismo y nos tiramos a lo tradicional, un arroz tres delicias y unos rollitos de primavera.

El gobierno chino ha anunciado ya ha pronta prohibición del comercio de perros y gatos para consumo humano. Al parecer en ese país se consumían hasta ahora, anualmente y como plato exquisito, cuatro millones de perros y dos millones de gatos.

Los países de la cultura del arroz tienen junto al arroz acompañamientos, vamos a llamarles “diferentes”, que en no pocos casos nos repugnan. Sin embargo nosotros sin llegar a tanto, también tenemos nuestras rarezas y no sólo en los consabidos caracoles;  sin ir mas lejos, en la ciudad Valencia, el forastero que entra en un restaurante de cierto nivel donde se sirve con naturalidad paella, se sorprende que los trozos de conejo que acompañan al arroz sean tan pequeños, resultando que tales trozos no son de conejo sino de rata de la Alfufera, que dicen que sólo se alimenta de arroz y que los comensales rechupetean sus huesos con autentica satisfacción.

Durante el servicio militar, un día, el cabo de cocina, cocina para casi mil tíos, va y me dice muy mosqueado, que él no comía carne de conejo, que a la cocina llegaban congeladas unas cajas con la etiqueta “conejos de la China”, pero que ni él ni ninguno de los rancheros habían visto nunca conejos tan grandes, que además venían sin cabeza y sin pies, y que estaban convencidos que esos no eran conejos sino gatos de algún criadero. Quitando a los rancheros, que eran guarros como ellos solos y tenían por costumbre hacerse su comida aparte, ni el Coronel al hacer la prueba, ni la tropa, se quejó nunca de tales conejos de la China.

Es de todos conocido el refrán popular de “dar gato por liebre”, de hecho había un restaurante muy cerca de Barcelona, donde una inspección detectó que efectivamente daban gato por liebre y desde hacía tiempo. Sanidad lo cerró, cuando ya los comensales habituales le habían cogido gusto, sin saberlo, a la carne de gato.

Preparar una paella de gato tiene su técnica, que pude comprobar de crío, cuando unos albañiles, en una obra muy cerca de mi casa, prepararon y se zamparon una buena “gatada”. El sistema es el mismo que con una liebre de monte, hay que dejar el gato, una vez destripado y desollado, al menos una noche al sereno para que se ablande y suavice su sabor; el resto es todo igual que un arroz con conejo normal, eso sí, se ha de echar en la paellera un buen chorro de vino peleón.

Llegados a este punto voy a extenderme un poco más en esta historia, a los solos efectos de constatar que algunos pueblos a los largo de su historia han comido cosas muy raras.

En el s. V a.c. Jérjes, rey de reyes, mandó reunir ante sí a los dos pueblos más extremos territorialmente del Imperio Persa y  más distantes culturalmente, sobre todo en ritos funerarios.

A un lado frente al Gran Rey se sentó una representación de los griegos de las colonias.

Al otro lado se sentó una representación de los indios, (el imperio persa llegaba hasta el río Ganges, Afganistan incluido).

Los griegos quemaban a sus muertos, los indios se los comían.

Dijo Jérjes a los griegos: ¿Por qué no probáis de comeros a vuestros muertos como hacen los indios?.

Los griegos se escandalizaron: Gran Rey no nos pidas eso, es un acto repugnante que los dioses no verían con buenos ojos.

Dijo Jérjes a los indios: ¿Por qué no incineráis a vuestros muertos como hacen los griegos?.

Los indios se escandalizaron: Gran Rey, es muy desagradable lo que nos estás pidiendo, eso sería un desprecio enorme hacia nuestros parientes y los dioses nos castigarían por ello.

¿Curioso verdad?, de esto sólo hace 2.500 años nada más.

Parece como si estuviésemos hoy a años luz de esa costumbre de los antiguos indios. Sin embargo esa costumbre de zamparse a sus familiares muertos, hasta rechupetear los huesos,  ha existido (y secretamente se siguen dando casos) en Papúa Nueva Guinea, donde hasta hace pocos años se practicaba con la excusa de que la carne escasea y no se debe desaprovechar. Le ha costado mucho al gobierno de ese país erradicar, y no lo ha conseguido del todo, ese ancestral acto de amor familiar.

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