Svetlana P (Socióloga)

¿Puede una sociedad subsistir sin pobres?

En 1956 se estrenó uno de los films más largos y taquilleros de la historia, los Diez Mandamientos, película producida por Cecil B. DeMille y que no era sino una versión reducida de su anterior película de 1923 en cine mudo del mismo título. Como exposición de historia bíblica es mucho más completa la película muda, pero es mucho espectacular la hablada y en technicolor, amén que el reparto de actores es espectácular, lo mejor de lo mejor de la época.

El Antíguo Testamento, la historia auto escrita de los hebreos, es el libro más leído y traducido a más lenguas en todo el mundo mundial, seguido a poca distancia por «El Quijote», del soldado de infantería Miguel de Cervantes, el cual murió pobre, como suelen morir los grandes hombres que aportan mucho a la humanidad y sólo reciben fama ya muertos.

Hace años pasó una cosa curiosa en las Naciones Unidas, cuando un representante Palestino recriminaba a Israel que estaba ilegítimamente ocupando una tierra que no era suya, el israelita sacó un ejemplar del Antíguo Testamente y mostrádolo dijo: «He aquí nuestro título de propiedad, esa tierra es nuestra porque Yavé nos la prometió y aquí lo dice».

Volviendo al título de este artículo, de si puede subsistir una sociedad sin pobres, vemos que en la película los hebreos son cautivos de los egipcios, que los tienen esclavizados, básicamente amasando arcilla con paja, haciendo ladrillos de adobe que dejan secar al sol.

La historia de Moisés, príncipe de Egipto, es de sobra conocida, por lo que sólo me centraré en el diálogo mantenido entre el Faraón, Ramsés II, magníficamente interpretado por Yul Bryner, y quien había sido su hermano adoptivo y favorito de su padre, Moisés, también magníficamente interpretado por Charlton Heston.

Ambos hermanos discuten y Moisés le pide a Ramsés por enésima vez: «Deja marchar a mi pueblo», aquí Yavé ya había castigado a los egipcios con diversas plagas, aunque aún faltaba la definitiva, la del angel exterminador de todos los primogénitos egipcios.

Ramsés nuevamenter se niega a dar la libertad a los hebreos.

Entonces uno de sus lugartenientes pensando en las plagas sufridas y en las que están por llegar dirigiéndose a su señor le dice:

-Ramsés, recapacita, deja marchar a los hebreos, no los necesitamos.

Y el Faraón le contesta:

-Si dejo marchar a los hebreos, ¿quien trabajará amasando barro y paja haciendo ladrillos de adobe para los templos?. ¿Acaso crees que los egipcios se prestarán a hacer ese trabajo?. Egipto, con toda su grandeza, no puede prescindir de esta gente.

Hubo en España una generación, la nacida durante la República o en plena guerra civil, que fue la que pasó de niño las penurias de la guerra, la que pasó su adolescencia en los años 40, durante la IIª Guera Mundial, los años del hambre, la que hizo tres años de servicio militar, la que en los años 50 y 60 emigró a Alemania o a Cataluña.

Toda esa generación llegó un momento en que tenía la vida solucionada y ya no estaba para amasar barro y paja haciendo ladrillos para los templos. Empezaron a escasear los pobres y algunos empezaron a preocuparse. ¿Qué hacemos si nuestros pobres se han espabilado y ya no son tan pobres?

La solución ha sido la importación de seis o siete (que tampoco se sabe el número exacto) de millones de pobres. Asunto solucionado, millones de pobres que vienen con hambre atrasada garantizan que no decaiga el amasado de barro y paja haciendio ladrillos de adobe para los templos.

Egipto vuelve a funcionar.

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