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Empel y la Inmaculada Concepción.

El 8 de diciembre de cada año el arma de infantería celebra su fiesta grande, el llamado «día de la patrona». La mayoría de los que hemos servido como soldados y hemos vivido ese día y su celebración, lo recordamos como un gran día, y como todo gran día tiene su origen en un hecho histórico que por lo extraño del suceso resulta sobresaliente.

EL MILAGRO DE EMPEL.

Fueron los católicos holandeses los primeros en calificar como milagro la salvación, atribuida a la intercesión de la  Inmaculada Concepción, de los 5.000 soldados de un Tercio viejo compuesto por españoles e italianos en la localidad de Empel, en Holanda, en la madrugada del 7 al 8 de diciembre de 1585, durante la guerra de los 80 años.  El hecho histórico de la batalla está bien documentado, tanto por parte española como por parte holandesa. Lo de la intercesión divina bien pudo ser, dado lo extraño del caso, si bien   el dogma de la Inmaculada Concepción no fue  decretado por la Iglesia Católica hasta el año 1854, casi 300 años después, recogiendo de esta manera el sentir popular al respecto. Sea como fuere, lo cierto es que  la fachada de la pequeña iglesia de Empel, ostenta unas placas conmemorativas del hecho histórico de la milagrosa salvación de los 5.000 soldados de infantería españoles e italianos asediados  en un dique por la escuadra rebelde holandesa.

El almirante Holak, que mandaba la flota rebelde, ordenó  abrir los diques del canal del río Mosa, que trascurría por encima del nivel del campamento del Tercio, provocando la inundación de la isla de Bomel. Los españoles e italianos, que estaban alojados en la zona de los pueblos de Dril, Rosan, Herwaardefl y Hurwenen tuvieron el tiempo justo de subir a refugiarse en los diques. Las aguas inundaron rápidamente el campamento donde estaban estacionadas las fuerzas, quedando solo como tierra firme el pequeño montecillo de Empel. Hacía muchísimo frío y los 5.000 soldados del  Tercio estaban apelotonados en el pequeño montículo rodeado por las aguas del río Mosa,  completamente bloqueados, sin víveres, ni leña, ni ropa seca; desde allí sufrían el  durísimo castigo de la artillería de la escuadra holandesa, sin esperanza de auxilio ni refuerzos.

El sábado 7 de diciembre de 1585, ante la desesperada situación, el comandante del Tercio, el maestre de campo Francisco de Bobadilla, intentando levantar la moral de la tropa les dice que no tengan miedo, que el miedo sólo es la falta de confianza en el auxilio divino , que tengan fe, que el auxilio divino llegará. Y es a continuación cuando ocurre el hecho histórico conforme al cual uno de los soldados “casualmente mientras cavaba una trinchera” encuentra, en magnífico estado, una tabla flamenca de vivos colores con la imagen de la Inmaculada Concepción, tomándolo todos como una señal divina, celebrándose a continuación una misa de campaña solicitando la intercesión de la Santísima Virgen para la salvación del Tercio.

Cabe la posibilidad que tal encuentro de la tabla flamenca de vivos colores con la imagen de la Virgen no fuese sino un ardid del propio Bobadilla para infundir esperanzas a quienes ya nada esperaban, pero lo cierto es que el solicitado milagro por el cual la Virgen había de interceder, realmente sí ocurrió y está documentado por parte católica y por parte protestante, pues el hecho climático en que consistió tal milagro ni había ocurrido en años anteriores ni volvió a ocurrir en años posteriores.

Durante la  madrugada del 7 al 8 de diciembre  empezó a soplar un viento del nordeste terriblemente gélido y las aguas del río Mosa terminaron por helarse rápidamente. Esta circunstancia hizo que los infantes españoles vieran la posibilidad de atacar a la flota enemiga desde la superficie firme que ofrecía el hielo.

Bobadilla ordenó a uno de sus capitanes que tuviera listos doscientos hombres de entre los que estaban en mejores condiciones físicas y tres piezas de artillería como punta de lanza para atacar al enemigo, que el resto de efectivos del Tercio que estuviese en condiciones de luchar les  seguiría. Fue así como marchando la infantería  a pie sobre el hielo, fueron cogidos por sorpresa los 10 barcos de la flota rebelde al amanecer del 8 de diciembre.

El Tercio combatió con extrema dureza, y, ante la imposibilidad de reaccionar, gran parte de los rebeldes fueron hechos prisioneros siendo capturados los barcos y siendo incendiada y quemada por completo la totalidad de la flota holandesa.

Durante el 9 de diciembre  el Tercio   cargó con rabia  contra el fuerte   holandés situado a la orilla del río Mosa.  La posición defensiva fue tomada por españoles e italianos y los rebeldes huyeron en desbandada aterrorizados por la  furia de los asaltantes.

La  victoria fue tan completa que el almirante Holak llegó a decir: “Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro”, «cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos»

El día 10 mejoró el tiempo y el Tercio pudo volver en barcas a Bolduque. Los infantes de Bobadilla estaban agotados, fueron acogidos y curados por la población de Bolduque. Muchos morirían por las penalidades sufridas y otros perdieron pies y manos por congelación. El Tercio había pasado un momento muy  crítico y se había salvado de milagro. La ciudad que acogió a los heridos recibió el testimonio de agradecimiento de Alejandro Farnesio, Capitán General de Flandes y del propio Rey Felipe II. Los extraordinaros acontecimientos de esta angustiosa semana se divulgaron rápidamente. Los católicos holandeses calificaron los sucesos que habían dado lugar a la salvación de los soldados del ejército del Rey como «Het Wonder van Empel«, «el milagro de Empel«.

Ese 8 de diciembre  de 1585, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia. 269 años después, por  bula del  Papa Pío IX, Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854, se proclamó como dogma de fe católica lo que sus bases hacía siglos que tenían por cierto.

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