Crónica de Tribunales

Un beso lo cura todo.

En el juzgado especial de incapacitaciones e internamientos transcurría la mañana tranquila con entrevistas a personas mayores con problemas graves de memoria cuyos juicios estaban señalados para el día siguiente. Las memorias del ser humano, pues son dos, se parecen  mucho a las memorias de un ordenador, donde tenemos la memoria reciente, la de ahora con la que estamos trabajando o memoria RAM y la almacenada en el disco duro,  es decir, el archivo de hechos pasados, que en las personas sería aquella parte de hechos pasados que nos marcaron y que andan guardados en el baúl de los recuerdos.

Curiosamente la pérdida de memoria empieza por la memoria RAM, la del día a día, siendo que la mayor longevidad del sexo femenino conlleva también que sean más mujeres que hombres las personas que había y hay que nombrarles tutor por este tema. En los estados más graves la memoria RAM ya se había perdido por completo y era fácil saber hasta donde alcanzaba tal perdida en el tiempo comprobando hasta que fecha retrospectiva funcionaba aún la memoria remota, la del disco duro; por ejemplo, si preguntabas el nombre del presidente del gobierno y la respuesta era Adolfo Suárez,  ese era el período hasta el que se remontaba la pérdida de la memoria reciente; si a la pregunta de quién era el Jefe del Estado la respuesta era el Generalísimo Franco, ese era el punto, si la pregunta era sobre el nombre del Rey de España y la respuesta era Alfonso XIII, no sólo se había perdido la memoria reciente sino la casi totalidad de la memoria remota y así se seguía progresivamente hacia atrás hasta el extremo gravísimo de que la persona carecía de recuerdo alguno.

Casi todas estas señoras  recordaban perfectamente hechos de su niñez y juventud que las habían marcado, por ejemplo, describían con bastante claridad sus recuerdos del día 19 de julio de 1936 en Barcelona, del que puntualizaban que era domingo; recordaban cómo iban vestidas el día de su primera comunión o el nombre de su primer novio; sin embargo  les era imposible recordar si en el día de hoy habían comido o si las habían sacado o no a la calle a dar un paseo.

El alargamiento de la vida hace que esta enfermedad, el Alhzeimer, cada vez afecte a más personas. De hecho, el futuro no lo conocemos y el presente lo estamos viviendo, por lo que como cosa cierta e inamovible sólo nos queda el pasado, nuestros recuerdos, lo que ha sido nuestra vida, nuestro álbum de fotos, por ello hay especialistas que afirman que somos aquello que recordamos.

La médico forense había salido un momento cuando sin avisar entró la siguiente entrevista, el juez sustituto levantó  la cabeza  con ojos sorprendidos pensando: “Y a ésta chica que le pasa”, y ella miró a Su Señoría también con ojos sorprendidos como diciendo. “Y éste por qué me mira así”. Ella era una mujer joven, de unos 25 años, caucásica, alta, delgada, pelo largo negro, vestida con unos tejanos ceñidos y un chaquetón marinero, con un aspecto en general de mujer atractiva aunque no venía maquillada. Durante unos segundos la chica y Su Señoría estuvieron estudiandose con la mirada el uno al otro, él porque a falta de que la médico forense volviera con el expediente no sabía dónde estaba el problema, y ella seria y molesta por la actitud del Juez.

Vengo para la inspección ocular, por fin dijo la chica, momento en que una funcionaria entraba con el expediente y para avisar que la médico forense se retrasaría 10 minutos. Vaya, un expediente de cambio de sexo, hasta entonces el juez sustituto no había visto ninguno. Diez minutos pueden dar para mucho, el juez sustituto conocía bien la comarca del pueblecito del que procedía la chica y eso dio pie a un poco de conversación aunque la chica seguía seria y antipática mientras Su Señoría   visionaba el expediente.

Ella, que antes de ser chica había sido un chicarrón del norte,  se había refugiado en  una gran capital como Barcelona  huyendo de su pueblecito donde la distracción normal de los chicos de su edad en aquellos años era acercarse hasta San Sebastian para la quema de autobuses y el apedreamiento de la policía,  y donde a ninguno de esos chicos se le ocurría  ni por asomo jugar con muñecas; nadie podía entender que un chicarrón euskaldún con no se sabe cuántos apellidos vascos, cuyos padres le pusieron un nombre de pila intraducible al castellano,  jugase con muñecas, mucho tuvo que sufrir para dejar su tierra natal y acabar en Barcelona, trabajando en un bar de copas. En la inmensidad y anonimato de la gran ciudad había conseguido, sólo con su trabajo, pues nada esperaba de su familia, ahorrar un buen dinero que le había permitido poder operarse y ahora quería su reconocimiento legal como mujer, y el trámite pendiente que daba fin a su calvario era la entrevista y el reconocimiento ocular, pues la ley entonces exigía la operación previa para el cambio de sexo legal.

Por fin volvió la médico forense  que dirigiéndose a Su Señoría le dice: voy a echar el cierre a  la puerta para que no entre nadie mientras se baja los pantalones.

¡Un momento, un momento!, dijo el juez sustituto, dirigiéndose a la chica en su nombre de pila euskaldún intraducible al castellano: tengo plena confianza  en el buen criterio de la médico forense, me da corte que te bajes los pantalones delante de mi y tener que mirarte, me parece morboso, ¿verdad que me excusas?.

La chica en su actitud antipática hizo un gesto como  diciendo que le daba igual, así que Su Señoría miró para otro lado  durante la bajada de pantalones y reconocimiento visual  realizado por la médico forense.

Subidos los ceñidos tejanos, la chica salía del despacho lo mismo que había entrado, con cara desdeñosa y de pocos amigos.

¿Todo correcto?  preguntó   Su Señoría a la médico forense.

Todo correcto; se ha gastado un buen dinero pues quien la ha operado  le ha hecho un buen trabajo, ahora nadie diría que fue chico antes que chica.

Bien, es atractiva, esperemos que como chica encuentre el afecto y el cariño que le ha faltado como chico.

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