José Mª Torras Coll (Profesor Asociado de la UPF)

Harakiri del Partido Popular.

Tan solo cuatro días después de conocerse la raquítica y decepcionante victoria del PP en las elecciones autonómicas de Castilla y León que defraudaron las expectativas albergadas por Pablo Casado en sus personales aspiraciones, al materializarse una apuesta fallida, se ha producido una inédita implosión, un  insólito y agrio cisma en el seno del partido de la oposición, una guerra abierta, entre Casado y la emergente Presidenta de la Comunidad de Madrid, con ásperas acusaciones recíprocas, con el anuncio de la apertura de un expediente informativo a Ayuso que puede desembocar en consecuencias imprevisibles. 

Todo parece indicar que la militancia, los afiliados y gran parte de los votantes han perdido la fe en Casado, cada vez con mayor fragilidad de liderazgo, ideológicamente fluido, y se inclinan por la valiente, atrevida y pujante Isabel Díaz Ayuso, con su creciente tirada electoral en Madrid.

Lo cierto es que el PP se ha abierto en canal, con alto riesgo de voladura definitiva. Se ha convertido en un penoso partido de banderías, con espionaje incluido, en una descarnada lucha, en un contexto de inusitada ambición de poder.

Es gravísimo que se efectúen acusaciones de corrupción sin pruebas contrastadas y sin haber siquiera incoado internamente un expediente informativo ni haber dado traslado a la afectada para defenderse. Se han divulgado cifras abultadas y datos distorsionados, al parecer, interesadamente para desprestigiar a Ayuso. Y se ha hecho sin acudir a las autoridades administrativas y judiciales competentes, tildando de corrupta a la propia compañera de partido, a la sazón Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Si el liderazgo de Casado era cuestionado, ahora está en su peor y crítico momento. No ha sabido ejercer las funciones de un líder de un partido político; sus intervenciones parlamentarias se han instalado en la permanente crispación, en el recurrente y socorrido ataque verbal al adversario; no ha diseñado un proyecto político coherente y no ha ganado las elecciones, no ha afianzado el partido. Y no debe olvidarse que el Tribunal Supremo no admitió a trámite la exposición razonada de la jueza de Madrid que vio en su actuación indicios de prevaricación y cohecho impropio, aunque sí reconoció la existencia de indicios de un «trato de favor» que «pudiera merecer otro tipo de consideraciones ajenas al derecho penal» relacionados con la obtención del Máster. No está Casado en condiciones de aludir, como lo ha hecho Casado, a actos de inmoralidad o falta de ejemplaridad atribuidos a Ayuso. 

En esa delicada coyuntura no sería de extrañar que el Presidente Sánchez, haciendo gala de su oportunismo (recordemos que llegó a la Moncloa merced a una moción de censura y a los endiablados pactos con otras fuerzas políticas que le mantienen), decidiese sacar tajada de esa insólita fractura convocando con adelanto las elecciones generales.

Si el expediente abierto a Isabel Diaz Ayuso no se cierra cuanto antes, o si llega a ser expulsada, las consecuencias del PP serían pavorosas.

Con ese sórdido, visceral y fratricida nivel de enconamiento, con esa autoinmolación pública del PP, sin precedentes, no es descartable que pueda nacer una nueva plataforma, un nuevo partido político que haga peligrar la continuidad  del PP y altere profundamente el mapa político de España.

Se avecinan acontecimientos inciertos en ese fuego de tronos, de ambiciones desatadas que causan perplejidad y conmoción.

José María Torras Coll

Sabadell

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