José Mª Torras Coll (Profesor Asociado de la UPF) OBSERVATORIO JURIDICO

El selfie judicial.

En la sociedad actual ha arraigado con fuerza la afición por el selfie, es decir, por hacerse uno mismo una autofotografía, usualmente con un teléfono inteligente o una cámara web para, acto seguido, publicarla, subirla, en alguna red social y compartirla. 

Pues bien, ello no es del agrado de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo que acaba de adoptar un acuerdo por el que se prohíbe a los aspirantes a Juez o Fiscal hacerse fotos en la sala donde han cantado los temas del examen para celebrar el éxito de haber superado, tras muchos años de sacrificio, la dura oposición con el signo de la victoria inmortalizando con las imágenes el momento tan ansiado. 

Se arguye que la obtención de las fotos no es acorde con el respeto y la seriedad del proceso selectivo. Se ha dispuesto que nada más terminar las pruebas, las salas queden cerradas a cal y canto para evitar la sesión fotográfica.

No puede desconocerse la realidad social, la interconectividad. Los aspirantes a ser jueces o fiscales, por su edad, son nativos digitales, usuarios de las redes y perfiles sociales, al igual que muchos juristas, profesores, etc y utilizan también plataformas como Twitter o Instagram. Algunos opositores incluso preparan el temario en la modalidad on line. 

De ordinario, en el ámbito forense, a los estudiantes que acuden a las salas de vistas en labores formativas, al concluir el acto o el período de prácticas, les hace enorme ilusión hacerse fotos en el escenario, con la toga, e incluso con su tutor o profesor, y, desde luego, ello no deteriora ni compromete a la institución ni la afea ni resulta indecoroso. 

Tampoco debe soslayarse que cuando un doctorando defiende su tesis doctoral ante el Tribunal y obtiene el título de doctor lo celebra y suelen tomarse fotos del acto para la posteridad, e incluso con los miembros del Tribunal. Y lo cierto es que nadie ha cuestionado ese inveterado proceder.

En cualquier caso, convendrán que se trata de una cuestión menor, a mi juicio, carente de interés, siempre que se haga, lógicamente, con mesura y respeto y no de forma frívola.

Sin embargo, sería conveniente, en aras a la máxima transparencia y objetividad, junto a la publicidad que brinda la audiencia pública, que las exposiciones orales de los opositores se registrasen en soporte audiovisual como medio de prueba ante cualquier eventual reclamación, como se lleva a cabo con los juicios orales. Ese no es, por contra, un asunto menor sino que tiene gran interés y relevancia, como trascendente medio de prueba, ante una eventual impugnación, eliminando cualquier atisbo o resquicio de subjetividad, dado que, actualmente, las sesiones se documentan extendiendo acta escrita de las mismas, con indicación de las motivaciones de las decisiones del tribunal, incorporándose los instrumentos de evaluación referidos a las competencias técnicas y analíticas, así como las relacionales, de fondo y de forma, respectivamente, de cada aspirante. Lo relevante no es la estética, sino la máxima pulcritud en el desarrollo de las pruebas.

José María Torras Coll

Sabadell

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