Antonio Vega Reina Crónica de Tribunales

Juicios de chapa y pintura.

LA FAROLA.

Para ese día se habían señalado únicamente juicios verbales, de cuantías inferiores a los 3.000 euros, pleitos de esos llamados despectivamente como de «chapa y pintura», relacionados en su práctica totalidad con hechos de la circulación.

En el primero de ellos actuaba como parte actora el Ayuntamiento que reclamaba la cantidad de 1.674,48 Euros correspondientes al presupuesto técnico aportado con la demanda, referente a  una farola del alumbrado público que hubo de reponer como consecuencia del siniestro de autos,  consistente según hechos no controvertidos en lo siguiente:

Que el día de autos , sobre las 12,30 horas, se encontraba un operario de una empresa constructora manipulando  un vehículo máquina pala retroexcavadora  propiedad de dicha empresa, con los debidos seguros de responsabilidad civil en regla, realizando trabajos de movimiento de tierras  para la construcción de un parquing en la prolongación del Paseo Fabra i Puig, cuando golpeó accidentalmente un cable del alumbrado público arrastrando con ello la farola  de dicho alumbrado público, quedando la farola inclinada al haber sufrido daños en su base, habiendo ascendido el valor de restitución de la misma a la suma de 1.676,48 Euros, reclamados en el procedimiento.

La empresa propietaria de la pala retroexcavadora se oponía a la demanda alegando que la farola estaba en malas condiciones, que lo que la máquina tocó era el cable, que la farola simplemente se inclinó más de lo que ya estaba, pero sin llegar a caer, que el operario manipulador de la excavadora carecía de visibilidad y que era dirigido en ese momento por  personal de la mercantil para la cual en ese momento estaba trabajando en subcontrata . Alegaba también pluspetición puesto que el Ayuntamiento reclamaba el valor de reposición de una farola nueva, cuando la retirada era ya una farola vieja y dañada.

La aseguradora de la retroexcavadora reconocía la existencia de seguro de responsabilidad civil respecto del referido vehículo-máquina, si bien alegaba la existencia de una franquicia de 1.502,53 euros, con que sólo respondería, en su caso, del exceso sobre dicha cantidad, y con los intereses legales y no los del art. 20 de la Ley 50/80 en su moderna redacción al no haber tenido conocimiento del siniestro hasta la recepción de la demanda.

La empresa demandada alegaba en el sentido de que actuó como sub-contratista de  otra mayor adjudicataria de las obras que era quien realmente dirigía los trabajos, alegaciones que habían de ser desestimadas habiendo, como había, una imputación objetiva y directa entre la acción productora del daño (toque de la pala excavadora con el cableado de la farola) y  el empleado que en ese momento manipulaba  la máquina, siendo totalmente irrelevante para el caso que nos ocupaba la referida relación de subcontrata entre la propietaria de la máquina y la referida empresa adjudicataria de las obras.

Tema distinto era el referido a si el Ayuntamiento tenía derecho al valor de restitución íntegro  de  una farola nueva (cambio con ocasión del siniestro de farola nueva por farola vieja). Siendo cierto que una farola doblada y semi arrancada por su base ya  no sirve para su cometido no es menos cierto que, en el derecho de daños en la circulación de vehículos a motor, en un siniestro total de por ejemplo un vehículo  de 10 años de antigüedad, al perjudicado no se le abona el valor de compra de dicho vehículo nuevo, sino que se le abona el denominado valor venal, o en determinados supuesto el denominado valor de afección, pero nunca uno nuevo, que supondría para el perjudicado un enriquecimiento respecto a su situación previa al siniestro.

Careciendo en el caso de autos de informe pericial alguno que nos indicase correctamente el supuesto valor venal de la referida farola, o bien el supuesto valor de reparación de la misma sin haber tenido que cambiarla por una nueva, era por ello necesaria un justa  aminoración de la reclamación en el sentido de que el Ayuntamiento había de contribuir a sufragar el cambio de una farola vieja y ya inclinada por una farola nueva y en perfecto estado de funcionamiento. Dicha contribución del Ayuntamiento, y a falta de otros criterios, quedó establecida en el 50 % de la cuantía del coste total del cambio de la farola, es decir, en la cantidad de 838,24 euros.

Respecto de la aseguradora de la pala retroexcavadora, si bien es cierto que la misma cubría la responsabilidad civil de  la máquina, no es menos cierto que en las condiciones particulares de la referida póliza aportada a las actuaciones existía a favor de la aseguradora una franquicia general por siniestro de 1.502,53 euros, admitida por el propio Legal representante de la e mpresa propietaria del vehículo máquina, lo cual exoneraba a dicha aseguradora de  pago alguno derivado del siniestro al ser la cuantía del mismo resultante en sentencia inferior a dicha franquicia.

LA PALMERA.

Y aquí acabó el primer juicio de la mañana, siendo el resto más o menos de la misma condición de juicios de chapa y pintura, a excepción de uno que, aún siendo idéntico al anterior, tenía la peculiaridad que donde en el anterior decíamos farola, en éste habíamos de decir «palmera», pero claro, ¿cómo calcular el valor venal de una palmera derribada por accidente?.

Es cierto que los baremos de daño corporal no valoran de la misma manera la vida de una persona según la edad de la misma e incluso según su nivel de ingresos, no se paga lo mismo por una persona en edad productiva que por otra ya retirada o con pocos ingresos. Es curioso, pero la vida humana, a efecto de indemnizaciones, pierde valor económico en dos momentos: uno de ellos es en los primeros años de vida cuando la persona aún no es productiva para el sistema pero se espera que lo sea, y el otro al final de la vida, cuando la persona ya ha dejado de ser productiva y se ha convertido en una carga para el sistema. Los siniestros que los baremos retribuyen bien son aquellos dónde el finado es un persona joven en edad productiva con altos ingresos, no en vano viene en el Evangelio aquella enigmática frase que afirma que «al que tiene mucho se le dará más y al que tiene poco incluso lo poco que tiene se le quitará».

Difícil , pensó el juez sustituto, fijar el valor venal de una palmera, que aunque vegetal, no deja por ello de ser un ser vivo que nace, crece y se reproduce, y que mantiene su valor estético a lo largo de toda su vida, así que, con independencia de la edad de la palmera, la condena habría de ser por el valor de reposición, es decir, lo que le costara al Ayuntamiento volver a plantar una nueva palmera que sustituyera a la fenecida, e intereses legales desde la resolución.

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