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¿Estamos ya en S.A.M.?

Se cuenta a que a un ciudadano alemán que mantenía  una disputa  en materia civil, quizás de lindes con una propiedad del Kaiser, sus amigos le decían que estaba loco, que cómo se atrevía a demandar al Kaiser, a lo que este ciudadano respondió: “Aún quedan jueces en Berlín”.

El hecho de que quien escribe esta líneas, abogado de profesión,   ejerciera  durante siete años como magistrado juez sustituto en todas las jurisdicciones de la ciudad de Barcelona, hace que su respeto por la administración de justicia sea moderado, nadie valora en exceso aquello cuyas disfunciones conoce bien, sin embargo, por deficiente que sea esta administración de justicia, mucho peor sería el no tenerla, ello lo ves claramente cuando te toca un  juez de verdad, uno de esos que  es consciente de que su condición de poder del Estado está por encima de su condición de simple funcionario acumulador de trienios, es entonces cuando te das cuenta de que estás ante  la única herramienta que el débil tiene contra el fuerte, compruebas que existe lo que se ha dado en llamar como Estado de Derecho.

¿Vivimos aún en un Estado de Derecho o hemos vuelto al derecho penal de autor donde se castigan o premian personas y no conductas?.  

Como ejemplo de derecho penal de autor teníamos la republicana Ley de Vagos y Maleantes a la que el franquismo cambió el título por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social; al respecto acordémonos del final de la película Casablanca, cuando el jefe de policía francés descuelga el teléfono y dice aquello de: «han asesinado al comandante alemán, detengan a los sospechosos habituales». ¿Quién y con qué criterios determina quiénes han de alcanzar la categoría de sospechosos habituales?.

Nos estamos introduciendo peligrosamente en un «SAM»  (supuesto anticonstitucional máximo). Una vez traspasada esa puerta ninguna garantía tenemos de que lo que hay al otro lado de la misma sea mejor que lo que conocemos, ni si quiera tenemos garantía alguna de que la cosa no acabe en violencia. El Estado está repitiendo el mismo error histórico que ya cometiera la República reponiendo en sus puestos a quienes habían sido condenados en firme por el Tribunal de Garantías Constitucionales a 30 años de prisión por el delito de Rebelión contra la República. Desde entonces para acá nunca hasta ahora se había dado un supuesto  como el que vivimos, donde una parte significativa del Estado aspira a destruir al propio Estado, por la puerta falsa y  sin consultar previamente a la ciudadanía.

Parece que nos hubiésemos cansado ya de vivir bien y por ello permitimos que la dirección del Estado esté en manos de unas minorías  de “hooligans”, minorías que históricamente se han despellejado entre ellas mismas (valga como ejemplo los hechos de mayo en la Barcelona de 1937),   minorías a las que sólo les une el odio a todo lo que les huela a español, incluyendo su historia, su economía, su régimen jurídico y el marco social en que vivimos desde hace casi medio siglo que, con todos los defectos, ha proporcionado a este país un nivel de prosperidad envidiado por la mayoría de países. Quizás no seamos los más ricos, pero no somos, ni con mucho, los últimos de la fila.

En las más altas instituciones del Estado están firmemente instalados quienes quieren reventar el Estado desde dentro y hasta ahora la respuesta del Estado ha sido la misma que dio Casares Quiroga a la salida del Consejo de Ministros en el anochecer de la tarde del viernes 17 de julio de 1936 cuando a las preguntas de los  periodistas  sobre el levantamiento del ejército de África,  el presidente del gobierno respondió con la estúpida y negligente frase: “Pues si ellos se han levantado, yo ahora me voy a dormir”, desoyendo con ello, entre otras cosas, la carta que recibiera tres semanas antes sobre la inquietud producida por la reintegración en el ejército de los jefes y oficiales sentenciados en Cataluña tras los hechos de 1934.

Es raro el día en que no nos desayunamos con un nuevo disparate que es más grande y tapa el disparate del día anterior, cargándose con ello la estabilidad institucional. No vamos bien, nadie sabe qué tiene en mente quien dirige todo este despropósito.

En los últimos 200 años España ha sobrevivido a demasiados gobernantes felones, esperemos también que pueda sobrevivir al SAM que está provocando la actual situación, porque esto va mal y cuando se pierde Cuba, se la pierde para siempre y si el barco del Estado se hunde o se ucranianiza, se hunde y ucranianiza para todos, incluidos los que lo están  torpedeando desde dentro, que no son pocos.

Pareciera que nos hemos cansado de vivir bien y necesitásemos de «emociones fuertes».

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