José Mª Torras Coll (Profesor Asociado de la UPF)

Tipología de desembolsos.

A la clasificación dicotómica familiar usual entre gastos ordinarios de consumo, periódicos, y gastos extraordinarios, ocasionales o esporádicos, se añade la taxonomía que distingue entre los gastos hormiga, los gastos vampiro y los gastos fantasma.

En plena cuesta de enero, con la preocupante inflación subyacente que muestra el incremento de los precios de la cesta de la compra, se imponen políticas domésticas austeras, suprimiendo dispendios.

En ese escenario, con empleos precarios y salarios magros, cobran protagonismo los gastos que, unas veces podemos suprimir, otros que resultan inevitables y otros que son prescindibles.

Así, los gastos hormiga son aquellas compras invisibles diarias que, al final de mes, o del año, tienen una repercusión nada desdeñable e impactan en nuestra economía.

Acciones cotidianas como desayunar en una cafetería, tomar un café o un té por la tarde, adquirir una botella de agua o una cerveza, comprar fruslerías, chicles, golosinas, helados, productos secos, adquirir artículos en las máquinas expendedoras de vendign del trabajo, comprar tabaco, comprar algún capricho en Amazón  que, en principio, no suponen un esfuerzo económico, máxime cuando se suelen abonar con tarjeta o medios de pago electrónicos, teléfono móvil o reloj, en lugar de pagar en dinero físico, en metálico, con la sensación de vaciar el bolsillo, el monedero o la billetera,  pueden llegar a afectar a las finanzas personales y familiares.

Son gastos a los que no damos importancia pues nos fijamos en otros que comportan un mayor desembolso económico, como la cuota de amortización de la hipoteca, el pago del alquiler de la vivienda, la cuota del préstamo del vehículo, la prima del seguro del hogar, el recibo mensual de la luz, del gas, del agua, el recibo del parquing ,etc.

Es preciso en la situación actual arañar unos euros al final de mes en las economías más humildes y modestas para conseguir un ahorro y poder sobrellevar la inflación.

Si esos gastos hormiga los sumamos a lo largo del mes o del año nos podemos llevar una desagradable sorpresa al resentirse nuestro presupuesto.

A esa modalidad de gastos, cabe añadir los denominados gastos vampiro y los gastos fantasma.

Los primeros, los gastos vampiro, son aquellos imprevistos, inesperados, que suelen producirse en el momento más inoportuno, tales como averías en el coche, daños por fugas de agua, reparación de electrodomésticos, gastos sanitarios, gastos de mantenimiento de vivienda, fontanería, electricidad, etc.

Y los segundos, los gastos fantasma, son aquellos en los que incurrimos sin percatarnos y obedecen más bien al descuido, a la despreocupación, a la desidia, tales como suscripciones a revistas, publicaciones o periódicos que no leemos, seguros innecesarios duplicados, suscripción a plataformas de streaming, suscripción de cuotas de gimnasio al que no acudimos, a servicios que no utilizamos, de cuotas de tarjetas de crédito que no usamos, etc.

Y, además, en una coyuntura económica delicada como la actual cabe mencionar los inconvenientes o riesgos derivados de la llamada hipoteca solidaria y de la hipoteca inversa.

La primera, producto financiero destinado a jóvenes o personas con dificultades económicas que, por su situación de cuestionable solvencia económica, no pueden acceder a la compra de un inmueble.

Es una fórmula de acceso a la propiedad con varios prestatarios solidarios unidos por lazos familiares, o bien amigos de confianza que encierra problemas en caso de incumplimiento de obligaciones por alguno de los copropietarios y que puede originar gastos fiscales y problemas de otra índole por la copropiedad.

La hipoteca inversa es una modalidad de préstamo hipotecario que posibilita a los mayores de 65 años a obtener, con la garantía de su vivienda en propiedad, un abono mensual con el que puede complementar sus ingresos mensuales durante un determinado período de tiempo o a lo largo de su vida.

Producto financiero que se publicita con profusión, que está en boga, por las reducidas pensiones de jubilación y que adolece, sobre todo, de falta de transparencia ,de insuficiencia y clara información al consumidor y que entraña varios riesgos no explicitados por los ofertantes, tales como que, en realidad, se trata de un préstamo con intereses nada desdeñables, que pone en un brete a los hijos, al trasladarles de futuro el problema, si desean mantener la propiedad hipotecada, que tiene costes adicionales, que la renta que se percibe, a diferencia de la pensión de jubilación, este año, aumento del 8,5%, no se actualiza y, por ende, el dinero pierde valor, puede incluir gastos de seguro de rentas vitalicio, la tasación del inmueble hipotecado por el Banco o la compañía de seguros suele darse por debajo del precio de mercado, es decir, se ve devaluada la vivienda. Puede que se tengan que abonar gastos por el IRPF a Hacienda.

Se ofrecen otros productos alternativos u opciones más ventajosas o de mayor conveniencia, como el alquiler de la vivienda o  vender la nuda propiedad.

En cualquier caso, en la coyuntura económica actual lo aconsejable es reducir gastos superfluos y ahorrar.

José María Torras Coll

Sabadell

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