José Mª Torras Coll (Profesor Asociado de la UPF)

Recuperar la ilusión culé.

Tras la triste clausura de la pasada temporada, cerrada en blanco-el eterno rival, R. Madrid se proclamó bicampeón-, el Barça ha pasado del resignado, «Es lo que hay en estos momentos«, expresado con serenidad y realismo por el entrenador Koeman, al no menos sufrido y sensato, «Tenemos jugadores poco pulcros, somos lo que somos», manifestado por Xavi Hernández, a la frenética activación de las, hasta ahora, tres palancas económicas -se anuncia que en la recámara se dispone de otras dos, para completar el repóquer- que han insuflado una extraordinaria inversión, de más de 707 millones de euros, para la incorporación de jugadores de fútbol contrastados que integrarán un equipo de campanillas, altamente competitivo, contentando los deseos del entrenador. Será preciso no sólo aligerar la masa salarial con la salida de los descartados, con fichas muy elevadas, sino instaurar un política de contención salarial en las nuevas incorporaciones, so pena de caer en el mismo error.

Se construye un proyecto sumamente ambicioso para retornar al equipo a la élite mundial para seducir a nuevos patrocinadores.

La valentía, incluso temeridad, del intrépido y carismático, Presidente, Jan Laporta, sitúa al F.C. Barcelona, en el alambre, dependiendo del inmediato éxito deportivo. Una apuesta de vértigo.

Se le va a exigir al entrenador y jugadores la victoria, sin excusas, en todas las competiciones.

Es, sin duda, un enorme desafío para Xavi Hernández. Deberá cohabitar con la presión y gestionar un vestuario de 22 titulares.

El futuro del Barça dependerá de los aciertos de sus jugadores, en que el balón entre en la portería y bese las mallas de la felicidad.

Vuelve la ilusión al máximo riesgo en un ambiente de contagiosa euforia. Pura adrenalina para revertir la crítica situación económica y deportiva de un club que corre el serio riesgo, expuesto a las inciertas veleidades azarosas del juego, de convertirse en sociedad anónima deportiva o, incluso, en el peor de los escenarios, hasta llegar a desaparecer.

Habrá que encomendarse a la Moreneta de Montserrat.

José María Torras Coll

Sabadell

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